En torno a los cultivos intensivos bajo plástico se ha creado una gran estructura empresarial destinada parte de ella a la comercialización de los productos hortofrutícolas. Entre los agentes que forman el sistema de comercialización destacan las alhóndigas, o centros de distribución en origen, y la agrupaciones de agricultores especializadas en la venta de producción en destino. Junto a estos, también participan un gran número de agentes intermediarios de la mercancía tanto en origen como en destino. Las alhóndigas son centrales de subastas similares a las lonjas del pescado en donde los agricultores venden sus productos a los compradores de las diferentes cadenas de supermercados. Estos centros realizan también tareas de manipulación y venta en destino de gran parte de la producción que comercializan.
Las agrupaciones de agricultores, por su parte, se articulan en torno a figuras fundamentalmente asociativas, como cooperativas y sociedades agrarias de transformación (SAT). Estos centros prestan servicios de comercialización, abastecimiento de suministros y asistencia técnica a sus socios, estableciendo vínculos de colaboración que permiten realizar un estricto seguimiento de la producción hortícola. Una vez que la producción abandona los centros de comercialización es intervenida por distribuidores y mayoristas, que almacenan y manipulan la mercancía antes de ser enviada a su destino final.