La naturaleza es el gran aliado de la horticultura intensiva en la provincia de Almería y hay zonas especialmente diseñadas para producir hortalizas en invierno con sólo el abrigo del invernadero y con ayuda de los agentes naturales como viento, el sol o el agua. El poniente almeriense donde se concentran la mayor parte de los invernaderos de la provincia, unas 15.000 hectáreas y en la que se encuentran los municipios de Dalías, Berja, Adra, Vícar, El Ejido, Roquetas de Mar y La Mojonera tiene como aliado la Sierra de Gádor, 86.000 hectáreas de cadena montañosa perteneciente al Sistema Penibético que evita la llega de los vientos del norte y recoge agua, gracias a su constitución y la envía a los tres acuíferos de la comarca. Las más de 3000 horas de sol al año ayudan a las plantas a desarrollarse y a producir durante todo el año, sólo el calor limita de una forma severa la producción y es por ello que en julio es uno de los pocos meses del año en los que la producción se reduce considerablemente.

El régimen de viento del Este y Oeste (Poniente y Levante) ayudan a evitar el exceso de humedad y favorecen la polinización de los cultivos. Este viento circula con frecuencia gracias al trazado de la sierra casi paralelo a la linea costera. El Mar Mediterráneo juega un papel muy interesante ya que se encarga de suavizar las temperaturas extremas, tanto en invierno como en verano. La calidez del Mediterráneo se sitúa en toda la comarca agrícola del Poniente gracias a que la sierra antes citada impide que el aire caliente se extienda más al norte a la vez que impide la llegada de vientos fríos. La Sierra Nevada también tiene una influencia decisiva en el desarrollo natural de la agricultura de esta zona gracias a que las escorrentías subterráneas llegan al acuífero bajo tierra y por ríos y ramblas a flor de piel.
Toda esta combinación de factores naturales combinados con la protección del plástico y otros elementos hacen de la horticultura almeriense un fenómeno natural de extraordinaria estructura. Por otra parte hay zonas como es el Campo de Níjar y la zona de La Cañada, cuyo suelo algo salino está especialmente indicado para el cultivo del tomate y la sandía. Pocos tomates en el mundo llegan a conseguir el sabor y la consistencia de los conseguidos en La Cañada o Níjar. La sandía tiene como característica principal que consigue un mayor grado de azúcar en este tipo de suelo. Por otra parte, la uva de mesa tradicional que se consigue en la zona de Ohanes goza del favor del público porque rompe con todo lo nuevo que ha aparecido en el mercado. Su piel más gruesa le permite mantener su consistencia durante más días y haberse hecho poco a poco en los parrales le confiere un sabor único y muy dulce.