El cultivo del olivo forma parte de la agricultura tradicional almeriense, al igual que en otras zonas de la comunidad andaluza. A pesar de no tener la importancia que ha adquirido en la provincia de Jaén, la producción de aceite se está incrementando en los últimos años gracias a la promoción de la Dieta Mediterránea y al descubrimiento de los beneficios que el aceite aporta a la salud. En España existen más de 2,4 millones de hectáreas, mientras que en Almería la superficie de olivar registrada ronda las 17.000 hectáreas, que se distribuyen por las comarcas del Andarax, Níjar, Tabernas y Alto Almanzora, en el interior de la provincia.
Gran parte de estas explotaciones, cerca de once mil hectáreas son de regadío y el resto de secano.
El cultivo del almendro cuenta con una larga tradición en la provincia. Sin embargo, a partir de la década de los sesenta se extendieron las plantaciones con un fin concreto. Se trataba de evitar la erosión en las zonas de las cuencas y las ramblas, no teniendo un fin productivo sino de mantenimiento de los suelos. La superficie de cultivo de este fruto seco asciende a casi las noventa mil hectáreas, de las que ochenta mil son de secano y el resto de regadío. La producción anual alcanza las 51 mil toneladas de almendras. Entre las variedades cultivadas destacan “Desmayo”, “Marcona”, “Común”, “Del Cid” y “Garriguez”.
El almendro es el motor económico de las zonas más desfavorecidas de la provincia. Los municipios del interior dependen en gran manera de este cultivo, que afecta a más de cinco mil personas, ubicadas en las comarcas del Alto, Medio y Bajo Almanzora, Levante, río Nacimiento y Los Vélez. La recolección de almendras llega a suponer en ocasiones casi el 56 por ciento de la renta de estas familias.
La importancia de la supervivencia de este cultivo en la provincia, sobre todo en los pueblos del interior es primordial, tanto a nivel económico como medioambiental para evitar la erosión. La entrada de almendras en los mercados europeos de otra zonas productoras como EEUU ha provocado en los últimos años una bajada espectacular en el precio de este fruto, lo que ha llevado a los agricultores a pedir más subvenciones a las administraciones públicas para mantener el cultivo.
El almendro, desde el punto de vista medioambiental está favoreciendo la supervivencia del terreno y de la flora y la fauna autóctona de la provincia, que en gran medida dependen de este árbol. Su fruto, la almendra está presente en la dieta mediterránea, así como en repostería, pastelería y coméstica. Por su alto valor energético y su alto contenido en azúcares la almendra es recomendable en las dietas de las personas que padecen diabetes.
En la actualidad existen tres certificaciones de ‘Vino de la Tierra’ en la provincia de Almería. Con esta calificación la Junta de Andalucía está impulsado la elaboración de unos vinos blancos y tintos de excelente calidad. Las zonas en las que se producen estos vinos se encuentran en la Alpujarra almeriense, Alto y Bajo Andarax y Tabernas. Se trata de una nueva generación de caldos, blancos y tintos, con los que algunos municipios vuelven a cobrar importancia en el sector vitivinícola. La comarca vinícola ‘Alpujarra-Laujar’ fue la primera en conseguir la denominación de la tierra y comprende los municipios de Alcolea, Fondón y Laujar de Andarax. En esta zona se concentra la mayor producción de vino y cultivo de viñas de la provincia, lo que motivó la creación de la primera sociedad cooperativa andaluza, la Bodega Valle de Laujar.
El carácter emprendedor ha llevado a la puesta en marcha de numerosos proyectos de investigación para la experimentación de nuevas variedades con el objetivo de conseguir una mayor calidad en los vinos. Con estas iniciativas los agricultores han encontrado en la elaboración de vinos una salida inesperada para sus economías, cobrando vida unas tierras que estaban abandonadas y devolviendo el color verde a la comarca.
En cuanto a las variedades cultivadas destacan en blancos, Jaén blanco, Macabeo, Vijiriego, Pedro Ximénez, Chardonnay y Moscatel de grano menudo, y tintas, Cabernet sauvignon, Merlot, Monastrell, Tempranillo, Garnacha y Syrah. Asimismo, y debido a la fama alcanzada por los vinos ecológicos surgió una bodega que cultiva bajo este criterio, se trata de ‘Cortijo el Cura’. Esta empresa produce unos 20 mil litros de tinto y rosado procedentes de viñas que han sido cultivadas sin utilizar abonos químico, ni insecticidas, sólo abonos orgánicos y los productos autorizados para este tipo de producción.
Otra de las zonas que recientemente consiguió la certificación de ‘Vino de la Tierra’ fue la Ribera del Andarax. En esta comarca el cultivo de la uva estaba encaminado a su consumo en fresco, y hasta 1950 vivió una época de explendor gracias al éxito de comercialización de la ‘uva de ohanes’ o ‘uva de embarque’. Esta variedad resistía sin perder sus propiedades su transporte hasta destinos como EEUU, Inglaterra, Alemania, Noruega, Suecia o Dinamarca. Con la aparición de nuevas variedades de uva de mesa en los mercados la demanda sobre la ‘uva de Almería’ desapareció con el consiguiente abandono de las tierras, que han vuelto a plantarse de viñas con la elaboración de vinos. ‘Ribera del Andarax’ comprende los municipios de Alboloduy, Alhabia, Alhama de Almería, Alicún, Almócita, Alsodux, Beires, Bentarique, Canjáyar, Enix, Felix, Jergal, Huécija, Illar, Instinción, Nacimiento, Ohanes, Padules, Rágol, Santa Cruz de Marchena y Terque.
De los municipios comprendidos en esta comarca destaca Padules, lugar donde se encuentra ubicada la Bodega ‘Paco Ferre’ que elabora tintos y blancos con calidad reconocida en todo el territotio nacional. Las variedades blancas cultivadas son Macabeo, Chardonay y Sauvignon blanc; y tintas, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Garnacha, Tempranillo, Monastrell y Pinot noir.
El vino blanco de esta comarca destaca por su color amarillo oro pálido, limpio y brillante; el aroma da sensación de frutas verdes y frescas por la acidez natural que le confiere la altitud de las zonas de cultivo; y respecto al sabor destaca su frescura y fructuosidad con una alegre acidez. El vino tinto presenta un color rojo rubí brillante con ribetes azulados; un aroma que denota a frutas frescas y un sabor agradable al paladar. Los tintos rojos con envejecimiento ofrecen un complejo de aromas, con un fondo cálido y especiado; el color es rojo picota profundo y su sabor resulta sedoso, rico en matices suavizado por la madurez en barricas de roble.
La última de las zonas vinícolas en obtener la denominación de ‘Vinos de la Tierra’ ha sido Desierto de Almería, que comprende las localidades de Alcudia de Monteagud, Benitagla, Benizalón, Castro de Filabres, Lubrín, Lucainena de las Torres, Olula de Castro, Senés, Sorbas, Tabernas, Tahal, Turrillas, Uleila del Campo y Velefique. Esta comarca se caracteriza por la escasez de precipitaciones y por un clima desértico, lo que aporta a la uva cultivada altas concentraciones de azúcar. Las variedades blancas utilizadas son Chardonnay, Moscatel, Macabeo y Sauvignon Blanc; y tintas, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Monastrell, Merlot, Syrah y Garnacha tinta. En cuanto a sus cualidades organolépticas, el vino blanco se caracteriza por un color que va del amarillo pajizo al oro pálido, brillante y con reflejos verdosos.
Presenta un aroma frutal y floral, con buena diferenciación varietal, recuerdos de hierbas del monte y lo mismo que en boca muestran su carácter mediterráneo. Los tintos jóvenes son vinos con mucho color, cereza granate oscuro o picota, intensos y muy cubiertos. En nariz son intensos, con gran potencia y característicos aromas a frutos negros maduros, pasas, toques balsámicos, confituras y ciertas notas lácteas y florales. En boca son potentes, con una excelente estructura tánica y mucho cuerpo. Los tintos con envejecimiento en barrica y botella siguen manteniendo un intenso color de cereza picota y con ribetes anaranjados. Aromáticamente conservan su intensidad, frutosidad y complejidad. En boca al principio surgen aún sabores afrutado, dando paso a una potente sensación tánica, suavizada por el envejecimiento. Son uno vinos sabrosos, carnosos y con un final de boca persistente y duradero.
El color que aportan las viñas al paisaje de estas tres zonas productoras, junto con la riqueza monumental de sus pueblos obliga a realizar una ruta turística por cualquiera de estas comarcas para conocer sus gentes y el embrujo de sus vinos.
