El mercado, cada vez más amplio y complejo necesita de fórmulas adaptadas al desarrollo de la comercialización de frutas y hortalizas de la provincia. Entre los agentes que forman el sistema comercial del sector almeriense encontramos las alhóndigas o centros de distribución en origen. Éstas fueron una de las primeras manifestaciones comerciales que aún hoy continúan aunque en la actualidad tiene menos peso que en el momento de su nacimiento. Usualmente las alhóndigas han utilizado fórmulas de personalización jurídica de Sociedad Anónima (S.A.), Sociedad de Responsabilidad Limitada (S.L.) o Comunidad de Bienes.
Las alhóndigas son empresas donde de forma totalmente libre el comprador y vendedor de hortalizas comercializan sus productos. La forma de funcionamiento de una alhóndiga es el siguiente. Primero establecen un horario de apertura por adelantado para la recepción, pesado y estibado del producto. A continuación se le otorga al agricultor un albarán con el número identificativo de éste, el número de bultos que quiere vender y el número de kilogramos. A partir de este momento comienza el proceso de comercialización mediante subasta a la baja, es decir, el precio del producto va descendiendo de mayor a menor. Esto es debido al carácter perecedero de las hortalizas, ya que si fuese subasta al alta quedarían productos sin vender que perderían su valor al poco tiempo. De igual forma, el producto se clasifica por especies y, en el caso de algunos, por variedades o tipos, atendiendo a determinadas características, por ejemplo: "pimiento california amarillo”. Además, el agricultor tiene la posibilidad de retirar su producción en el caso de que los precios finales no satisfagan sus expectativas económicas.
Esta primera forma de comercio agrario de Almería no se ha limitado únicamente al desempeño de tareas comerciales, puesto que también ha ejercido funciones de financiación al facilitar liquidez, en forma de suministros como semillas y abonos, entre otros, a las explotaciones agrarias y al asumir los riesgos de impago de los clientes, una vez que el agricultor recibe su dinero. Además, también facilitan envases y cajas a los agricultores y también algunas han desarrollado sus propias empresas de comercialización en destino.
En nuestra provincia los empresarios alhondiguistas se han integrado en su mayoría en la Asociación de Empresas Comercializadoras Hortofrutícolas de Almería (ECOHAL). Algunas de las actividades llevadas a cabo por esta agrupación de alhóndigas son sembrar campañas colectivas de promoción de los productos almerienses, establecer convenios con organismo municipales y universitarios que permitan el mejor control de los residuos, llevar a cabo acciones que favorezcan una mejora permanente en la calidad de las hortalizas y fomentar la incorporación de mejoras y avances técnicos. En los últimos años las alhóndigas han dado un salto cuantitativo y cualitativo en el control de la calidad de los productos hortofrutícolas que comercializan. Para ello pusieron en marcha el sello SICAL (Sistema Integrado de Comercialización en Alhóndiga) mediante el cual se controla toda la mercancía y se garantiza la seguridad alimentaria.